Hernán H. Alonso De los Ángeles
Miembro fundador
“Siembras un pensamiento, cosechas una acción. Siembras una acción, cosechas un hábito. Siembras un hábito, cosechas un carácter. Siembras un carácter, cosechas un destino. (Proverbio Chino)
Qué fue primero el huevo o la gallina? Como en casi todos los cuestionamientos de la ciencia psicológica, este es el debate eterno y de aquí se desprenden puntos de vista, enfoques y hasta escuelas con modelos propios. Las competencias son heredadas o son adquiridas? Es una de las preguntas mas frecuente de mis alumnos y clientes, que en el fondo revela un temor profundo y valedero.
La pregunta relacionada con ese temor subyacente es… Son las competencias susceptibles de modificación o no? Pregunta que en el terreno de la filosofía nos coloca de frente al debate del determinismo humano.
Si las competencias tienen un componente genético, estaremos predeterminados a ciertas actividades y procesos, para los cuales no tendríamos posibilidad de escogencia? Esta seria la realidad descrita por Aldous Huxley en “Un mundo feliz”?
Si las competencias son modificables y susceptibles de desarrollar, podríamos tener ejércitos de gente altamente calificada? Que pasaría cuando todos sin excepción logremos niveles de máximo desarrollo en competencias determinadas? Seguirá existiendo la diferencia individual?
Todos estos cuestionamientos nos colocan en un terreno algo complicado, argumentos para uno u otro punto de vista existen y con igual base de sustentación, lo cual extiende la polémica en el tiempo sin encontrarse un punto final a la misma.
De manera aventurada y con el riesgo de generar otro punto de vista más a la polémica mencionada, utilizo la figura de “las manos del pianista” no con el propósito de dirimir el conflicto, pero si para darle una salida práctica al mismo. Se dice que una de las características o exigencias relevantes para ser un “virtuoso” del piano esta cimentada en la estructura morfológica de la mano. Personas que posean una morfología de la mano relacionada con el tamaño y largo de los dedos, pueden alcanzar octavas más altas. Esta característica sumada a muchas otras (competencias) serian las causales del virtuosismo. No obstante lo anterior, si una persona que no tenga la morfología descrita, practica varias horas al día y tiene otras competencias anexas y necesarias podrá llegar a ser un excelente pianista, quizás no virtuoso, contrari sensus, otro que posea la morfología y aún las competencias anexas necesarias pero no practica sino pocas horas al día o a la semana, llegará a ser tan solo un buen desempeñante del piano.
Biología y sociedad, polaridades del ser que constituyen la estructura fundamental de las competencias y que dependiendo de las circunstancias pueden actuar en un momento determinado con mayor énfasis de la una sobre la otra.
El proverbio chino arriba mencionado y el cual se remonta a épocas anteriores a la era cristiana, sin poder fijarse de manera exacta al autor y la fecha de su origen, revela la esencia de lo que a mi juicio estructura una competencia. Una forma de pensar y sentir que nos lleva a una actuación determinada, si las consecuencias son positivas, esa forma de pensar, sentir y actuar quedan reforzadas y por lo tanto ante circunstancias futuras de características similares nuestra respuesta seria igual a la anterior. Si las consecuencias nuevamente son positivas, esa forma de comportamiento queda anclada y damos origen a lo que conocemos como hábito. Esa forma de actuar y de ser típica se convierte en rasgo de carácter y por consiguiente nos lleva a ser efectivos en específicas situaciones (destino) constituyendo así lo que conocemos como perfil de competencias.
Por lo tanto, competencias va más allá de las simples destrezas, del hábito y de las aptitudes, diferencia claramente expuesta por Claude Levy-Leboyer en su libro “Gestión de las competencias”…
“ He aquí una diferencia clara entre aptitudes, rasgos de personalidad por una parte y competencias por otra. Los primeros permiten caracterizar a los individuos y explicar la variación de sus comportamientos en la ejecución de tareas específicas. Las segundas afectan a la puesta en práctica integrada de aptitudes, rasgos de personalidad y también conocimientos adquiridos para cumplir bien una misión”
Otro pasaje que nos revela de cierta forma la estructura de las competencias se encuentra en otro texto antiguo de origen cristiano, “la parábola de los talentos” descrita por el evangelista Mateo. Aquí los talentos hacen referencia a las aptitudes, la personalidad se observa en el enfoque contextual que afecta la relación con el patrón y la consecuencia a la integración de las dos anteriores que los hacen ser exitosos o no frente a la misión encomendada (competencias).
Modesty Blaise tira cómica, emulación femenina del famoso James Bond, en un pasaje que guardo en mi memoria juvenil afirmaba que aprender el manejo diestro de las armas te hace un buen soldado, aprender las artes marciales te hace un buen guerrero, pero tener las dos te hace un gigante.

